SANTO DOMINGO.- El presidente Luis Abinader Corona, del Partido Revolucionario Moderno (PRM), tiene en sus manos grandes tareas, entre estas ocuparse de un asunto difícil y de raíces profundas que prometió encarar: mejorar las relaciones con Haití.

“La relación bilateral con Haití es muy importante para la República Dominicana. Somos conscientes de que el éxito en esta relación depende de la presencia activa, consistente y perseverante de ambos Estados”, dijo al recibir la banda presidencial.

Abinader no es el primer presidente dominicano con esta intención. Acciones en esa dirección no han escaseado en administraciones anteriores y han fracasado.

La relación de estos dos Estados, que comparten los 76,480 km² de La Española, ha dejado heridas y fracasos históricos.

Maduro mediaba, pero se inclinaba por Haití.

En 1996, en el primero de los tres mandatos de Leonel Fernández, fue creada una Comisión Mixta Binacional que había sido concebida en 1995 en el último gobierno de Joaquín Balaguer.
Tenía la finalidad de afianzar las relaciones económicas, comerciales, entre otros temas neurálgicos que competen a ambas naciones. Sin embargo, pocos son sus logros hasta este momento.

Unos 15 años después, en 2011, fue firmado un primer convenio de cooperación para la instalación y operación de la Secretaría Ejecutiva de la comisión, con el apoyo financiero de la Comisión Europea y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En 2012 produjo una Declaración Conjunta de los Cancilleres de la República de Haití y de República Dominicana que define los temas prioritarios de la Comisión.

Ese mismo año, el 26 de marzo, se emite la Declaración Conjunta de los presidentes de Haití y de República Dominicana, en la que ofrecen su respaldo a la comisión “como mecanismo fundamental para el diálogo entre ambos Estados y para impulsar la cooperación en beneficio del desarrollo mutuo”.

Para entonces la comisión binacional lucía activa y promisoria, empero, algunos hechos entorpecieron los tratos sobre los proyectos comunes.

Las barreras
El 5 de junio de 2013, los presidentes de Haití y República Dominicana, en ese entonces Michel Joseph Martelly y Danilo Medina, se encontraban reunidos en la localidad haitiana de Ouanaminthe (Juana Méndez) para presentar un plan de reforestación en la frontera.

Para sorpresa del Medina, estando en suelo haitiano el Consejo de Ministros de Haití prohibió la importación de huevos y pollos procedentes de República Dominicana para evitar una supuesta propagación de gripe aviar, lo que supuso pérdidas millonarias para comerciantes dominicanos.

Desde entonces el diálogo dejó de concentrarse en la cooperación y se enfocó en la resolución de este y otros conflictos.

En busca de soluciones al tema de la veda, una misión dominicana viajó a Puerto Príncipe el 12 de junio de 2013. Días después hubo otra reunión de la subcomisión de comercio en busca de la solución del impasse.

En este contexto, el ahora expresidente Medina sostuvo un encuentro en Managua, Nicaragua, con el también ahora expresidente Martelly y el primer ministro Laurent Lamothe, el 29 de junio. Allí trascendió la realidad: la veda no se debía al virus de gripe aviar.

Las autoridades haitianas señalaron que la razón era estrictamente económica y que Haití dejaba de percibir unos US$300 millones de dólares, debido a que los comerciantes no pagaban los impuestos.

Unos meses más tarde las barreras fueron ampliadas: un decreto del gobierno haitiano reforzando la prohibición de la importación de plásticos no biodegradables.

El sector empresarial haitiano jugó un importante papel en estas decisiones. De hecho, tras estas medidas de las autoridades haitianas el Foro Económico del Sector Privado de Haití denunció “la anarquía de los mercados binacionales” y “la pérdida de 15 mil millones de gourdes”, por no cobrar impuestos a los productos dominicanos.

También exigían al Gobierno Haitiano acciones en ese sentido, pues según sus pareceres el gran pedazo del pastel en términos de comercio lo obtiene de manera permanente la parte dominicana.

Según las cifras más recientes del Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD), el Intercambio con Haití pasó de US$1,045.55 millones en el 2015 a US$829.79 millones en el 2019, pero de todos modos “este saldo ha sido favorable para la República Dominicana en todos los años analizados”, destaca.

Una sentencia
Otro elemento de fricción lo constituyó la sentencia 0168/13 del Tribunal Constitucional. Esta y otras acciones en materia de política migratoria costaron a la República Dominicana entrar a la «lista negra» de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), de la que se excluyó en 2018, luego de que la CIDH reconociera “los avances para solucionar la situación de personas de origen haitiano”.

La fórmula fue la implementación de un Plan Nacional de Regularización de Extranjeros, por el que durante 18 meses se suspendieron las repatriaciones y del que se beneficiaron 250,000 personas, la mayoría de origen haitiano.

Unos 55,000, optaron por un proceso de naturalización. Fueron segmentados en grupos. Los A, aquellos nacidos en República Dominicana, hijos de ambos padres extranjeros en situación irregular con algún tipo de documento expedido en República Dominicana.

El Grupo B, conformado por hijos de padres extranjeros en situación migratoria irregular nacidos en RD y que no contaban con ninguna documentación a la fecha.

Iniciativa Laredo

— Busca inversiones
En diciembre de 2016 ambos países suscribieron el acuerdo de la Iniciativa Laredo, que busca establecer un programa de cooperación para elaborar y aplicar un plan conjunto en la frontera, para atraer inversiones.

*Por LIZ REYES